miércoles, 31 de octubre de 2012

En México

Estamos ante un enemigo no sólo en términos de salud pública, sino de intervención social, cultural, económica y política. Todas las decisiones impactan nuestras posibilidades de lucha. El cáncer de mama (CaMa) es la primera causa de muerte femenina a nivel mundial con 411 mil fallecimientos anuales y es el cáncer más prevalente del orbe: 4.4 millones de mujeres lo padecen o lo han padecido en los últimos cinco años. Y, de acuerdo con la tendencia, se esperan dos millones de casos nuevos para 2012 con un incremento promedio de 28% de los fallecimientos a nivel global para 2020. Representa 10.4% de los nuevos cánceres anuales, sólo el cáncer de pulmón supera sus cifras.
En México el panorama epidemiológico dio un giro absoluto. Desde la década de los 70 se han duplicado los fallecimientos por cáncer mamario convirtiéndose en uno de los mayores problemas de salud pública. A pesar de ello y a que, de acuerdo con la Secretaría de Salud, existen cerca de 80 organizaciones de la sociedad civil que trabajan en la guerra contra el cáncer, seguimos lejos de presumir cifras de desahogo. Y de integrar un sistema concordante entre comunidades científicas, médicas, gubernamentales, civiles, de educación y de desarrollo social. Lo puntual es ¿hacia dónde girar antes de que el enemigo nos encuentre? ¿Por qué pareciera que tarde o temprano lo tendremos cerca?
A menor ingreso y nivel educativo, mayor riesgo
Un 45% de los casos, así como la mayoría de las muertes se concentran en países de bajos ingresos. Los fallecimientos pudieran explicarse de un modo lógico: los tratamientos, así como la detección son de menor acceso en poblaciones con poco nivel educativo y económico. Sin embargo, ¿a qué podemos aludir su mayor frecuencia? Otro punto fino concierne a la edad: la población afectada en dichos países por este cáncer es más joven. No obstante, es en los que más prevalece la ideología de que el cáncer de mama es un problema de mujeres de edad avanzada. En México, la mayor prevalencia está en mujeres de 40 a 49 años mientras que en países europeos está en la posmenopausia. Pero debemos tomar en cuenta que gran cantidad de estos cánceres surgieron mucho antes. Una célula cancerosa de mama generalmente se duplica cada 100-300 días. Para que alcance un centímetro de tamaño y sea percibida por la paciente al tocar (70% de las detecciones mundiales son por autoexamen), tuvieron que pasar al menos siete años; cerca de 30 duplicaciones. Dichas alteraciones subclínicas (menores a un cm) pudieron ser detectadas por un ultrasonido mamario justo en los ‘treintas’ de dichas mujeres. Pese a ello, en los mismos servicios de salud públicos, la mastografía  únicamente se aplica a las mayores de 40 años cuando, de acuerdo con la American Cancer Society, debe hacerse desde los 35. Y los servicios de ultrasonido mamario –el cual puede realizarse a cualquier edad– son por demás insuficientes o inexistentes en clínicas de dependencias como el IMSS y el ISSSTE. Además de representar múltiples trámites burocráticos.



En 2007, sólo en el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN) se registraron 744 pacientes incorporadas al Seguro Popular diaconiagnóstico de CaMa, 18% era menor de 40 años y estaba en fases avanzadas. ¿Y nos seguimos preguntando por qué 12 mujeres mueren al día por este cáncer en nuestro país? La letalidad del CaMa en países de bajo ingreso es de 56%, por 24% en países de ingreso alto. Es decir, 56 mujeres de cada 100 diagnosticadas morirán en zonas como Latinoamérica.


                      

No hay comentarios:

Publicar un comentario