Rafael Fuentes Narváez
La esposa de Rafael, Monserrat, falleció a las 33 años
La historia que a continuación les voy a contar, no es muy diferente de muchas otras, pero sí muy especial para mí. Hace nueve años que conocí a Montserrat. Tuvimos un noviazgo que se le puede llamar normal y que duró tres años, al paso del tiempo nos casamos y duramos seis maravillosos años de casados. No tuvimos la fortuna de tener hijos, buena o mala, ustedes lo dirán.
Nuestro matrimonio se basó en la confianza y la comunicación. Juntos resolvíamos lo bueno y lo malo. No es por presumir, pero éramos la envidia de varias parejas, ya que más que esposos éramos realmente amigos. Todo iba bien hasta que hace cerca de dos años ella comenzó con un dolor en la parte baja de la espalda. Nada de qué preocuparse, ya que un analgésico lo calmaba. Pero ese dolor aumentó, fuimos con su médico general y dijo que era algo muscular. Pero el dolor aumentaba, regresamos al doctor y sugirió una placa de Rayos X, pero no revelaba nada. Pero el dolor era más agudo. La revisó un ortopedista y dijo que todo era muscular, incluso la mandó con el psiquiatra. Debo mencionar que todo esto fue en el IMSS.
Deseperados, ya que ella ya casi no podía caminar, consultamos a un especialista a nivel particular, él valoró las placas y dijo que algo andaba mal, pero que necesitaba más estudios. La noticia fue muy triste, ya que al principio dignosticaron mieloma o leucemia. Sólo así la pude ingresar al CMNSXXI, donde la valoraron oncólogos y hematólogos. Dándose cuenta que lo que tenía era cáncer de mama con metástasis óseas múltiples. Esa fue mi sorpresa más grande, ya que nos dijeron que si nunca se había explorado, a lo que ella contestó que no lo hacía con regularidad. Y yo la verdad nunca me preocupé por eso, pensaba "son cosas de mujeres", pero debido a mi ignorancia o poca importancia en el tema, hoy estoy pagando caro, ya que ella falleció después de casi dos años de agonía. Se imaginarán las que pasamos. Por eso hoy les pido a todas las mujeres que conozco y a las que no, que no tengan miedo de explorarse, más vale prevenir que lamentar. Y a todos los que están pasando por una situación como la mía, que se preparen y aprendan realmente a acompañar a su familiar enfermo, que nada es más importante que su bienestar. Sólo pónganse una sola vez en sus zapatos y verán las cosas diferentes.
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